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Archivo Histórico - Año 48 - Número 286 - Septiembre/octubre 2006 Miércoles 7 de enero de 2009

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María Calvo Charro
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Indice del número 286

Educación diferenciada: modelo personal y opción de libertad

María Calvo Charro

¿Colegios mixtos o diferenciados? Es una pregunta que los padres se plantean sobre la educación de sus hijos. Contra lo que muchos piensan, la educación diferenciada ofrece ventajas importantes sobre la mixta y muchos países de primer mundo optan ya por la primera, incluso en escuelas públicas. Lo importante es que los padres tengan la opción de decidir lo mejor para sus hijos.

Nada hay más poderoso que una idea a la que ha llegado su momento.
Víctor Hugo

La educación diferenciada --enseñanza separada de niños y niñas-- es un modelo pedagógico que utilizan ahora los países más desarrollados como herramienta para superar determinados problemas que la educación mixta no ha sido capaz de resolver tras tres décadas de experiencia.

Los beneficios cualitativos, cuantitativos, personales y académicos que se desprenden de este modelo merecen la atención de padres, autoridades y docentes porque sus resultados son, como regla general, óptimos.

Al contrario de lo que cree la mayoría, la educación diferenciada provoca mejor entendimiento y respeto entre sexos opuestos, un ambiente más relajado y agradable entre los alumnos, mayores facilidades para ejercer la docencia y resultados académicos mejores que los de las escuelas mixtas. Además, se genera menor conflictividad y violencia, mejora la autoestima de los alumnos, favorece la verdadera igualdad de oportunidades y responde a las peculiaridades de niños y niñas y a sus problemáticas específicas.

Al superar el mito de la neutralidad sexual, la educación diferenciada aporta ventajas evidentes, permite alcanzar mejor los objetivos educativos y culturales y abre mayores posibilidades a los alumnos, porque los docentes trabajan con grupos más homogéneos.

Es una magnífica herramienta para la emancipación de la mujer y la igualdad real entre sexos, pero, sorprendentemente, todavía hay quien piensa que en los colegios sólo de niñas se les enseña a ser débiles y dependientes del hombre, a recluirse al ámbito privado (siendo discriminadas y desfavorecidas) y que los chicos en cambio serán educados para triunfar en el ámbito público; dejando a la mujer todo lo relativo a la familia e hijos.

En algunos países este sistema se critica e incluso se persigue desde ámbitos gubernamentales. Se le atribuye ser discriminatorio y causante, en gran medida, de la violencia de género que sufre nuestra sociedad.

LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA AVANZA

En los países más desarrollados resurge con una fuerza que apenas comenzamos a percibir. Algunos gobiernos ya adoptaron medidas como crear colegios públicos single-sex o separar clases de niños y niñas en un mismo colegio en determinadas edades. No son experiencias piloto, es la implantación seria y definitiva del modelo pedagógico, cuya fuerza arranca de sus propias ventajas demostradas empíricamente, al margen de ideologías, creencias o tendencias.

ALEMANIA. Durante años la educación diferenciada estuvo prohibida en los colegios públicos. Pero en 1998, tras una seria investigación, por iniciativa de los socialistas y los verdes y con apoyo de los movimientos feministas, se autorizaron las clases separadas en los Länder de Berlín y Renania del Norte-Westfalia.

Ese mismo año, la revista Der Spiegel preguntaba en su portada «¿Constituye un error histórico la enseñanza escolar conjunta de chicos y chicas?». La brecha definitiva se abrió en 2004 cuando la misma revista dedicó un reportaje monográfico a analizar la situación de las escuelas en Alemania.

El Instituto Pedagógico de Kiel realizó un estudio en Berlín, Hamburgo y la Baja Sajonia. Apoyado en los resultados académicos, demostró que separar alumnos y alumnas en determinadas materias mejoraba de forma significativa el interés y las calificaciones; muchos otros consideran acertado separar a los alumnos por sexos en ciertas materias, especialmente a partir de la pubertad.

GRAN BRETAÑA. La red escolar está formada por centros masculinos, femeninos y mixtos con la misma consideración. Es sobradamente conocido que los más prestigiosos colegios son diferenciados. Existe una tradición arraigada de este tipo de escuelas. En este sentido destaca el estudio de la International Organization for the Development of Freedom Education (OIDEL) que sitúa 36 escuelas diferenciadas entre las primeras 50 mejores del Reino Unido.

En diciembre de 2004, David Miliband (School Standards Minister) declaró la necesidad de insistir en los beneficios derivados para los jóvenes de la educación diferenciada.1 Bastaría separarlos en determinadas clases aunque permanezcan en el mismo colegio e incluso, en la misma clase en otros momentos.2 La insistencia parte de un informe reciente, resultado de cuatro años de investigación, de la Facultad de Educación de la Universidad de Cambridge, que analiza con detalle los beneficios de la educación diferenciada frente a la mixta.

 FRANCIA. Comenzó a cuestionar seriamente la coeducación a partir del controvertido libro del sociólogo, especialista en temas de adolescencia, juventud y familia, Michel Fize, Las trampas de la educación mixta.3 El libro, que expone cómo la coeducación en el país galo no ha conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos, abrió un encendido debate entre los políticos franceses, pues su autor es miembro del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRC) y fue asesor técnico, de la Ministra de la Juventud y Deporte, Marie-George Buffet, miembro del partido comunista francés entre 1997 y 2002.

ESTADOS UNIDOS. La Administración de Bush derogó en mayo de 2002, la coeducación obligatoria que imponía la Ley de 1972 (aprobada en la época de Nixon, bajo la presión de los movimientos feministas radicales) y autorizó escuelas públicas diferenciadas (same sex schools) bajo el lema «No Child Left Behind». Esta Ley concede a padres y centros mayor flexibilidad para optar entre clases mixtas o separadas, siempre que todos dispongan de programas, currículums, medios, profesorado e instalaciones comparables.

Según un portavoz de la presidencia, el objetivo de esta medida es «ampliar las opciones de los padres». Más de tres millones de dólares financiaron programas experimentales en el tema. Ejemplo emblemático es la Young Women's Leadership Academy, de East Harlem, colegio público para niñas abierto en 1996, que consigue tasas de éxito de 100% frente a la media de 42% en Nueva York. Aunque 90% de las alumnas procedía de familias sin estudios (70% vive bajo el umbral de la pobreza), el instituto consiguió que todas, en los últimos dos cursos, llegaran a la universidad. Dado el éxito de esta experiencia, se decidió abrir otro colegio público femenino, el Queen Campus, en el conflictivo barrio del Bronx de Nueva York.

El Ministerio de Educación anunció su pretensión de aprobar una nueva ley que obligue a las escuelas públicas a ofrecer programas diferenciados. Promueve la iniciativa la senadora republicana Kay Bailey Hutchinson y ha declarado que «muchos chicos logran mejores resultados en centros de un solo sexo, libres de la distracción de las chicas. Y lo mismo tiende a ocurrir en los colegios femeninos, donde las chicas asumen más iniciativas y un mayor nivel de liderazgo». Entre los demócratas, Hillary Clinton, que estudió en uno de los 84 colleges femeninos de enseñanza superior, es una defensora convencida de las ventajas de la separación de sexos en la escuela.

SUECIA. En Suecia, la parlamentaria Chris Heister, presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, presentó en julio de 2004 un informe definitivo: «Todos somos diferentes», que afirma que el fracaso de la educación actual radica en el empeño por despreciar las diferencias entre sexos. «Se ha demostrado que las niñas entre los 7 y 15 años, asimilan con más rapidez que los niños. Mientras que en la secundaria, tienen mayores dificultades que los chicos. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las chicas alcanzan la madurez mucho antes que los chicos, y aunque tengan la misma edad no se les puede tratar igual». El informe recomienda clases diferenciadas, porque no es lícito imponer conductas o modelos idénticos a ambos sexos.

SUIZA. El debate sobre coeducación se reabrió en 1993 a raíz de una Conferencia de Directores Cantonales de Educación. Para eliminar los estereotipos y atender mejor a las necesidades de las chicas, las conclusiones finales propusieron adoptar las medidas necesarias, incluyendo la separación de sexos.

NUEVA ZELANDA. El Ministro de Educación creó recientemente un «think tank» para investigar las razones por las que los niños obtienen peores calificaciones que las niñas en secundaria. Todo indica que el menor rendimiento académico de los varones está íntimamente relacionado con el sistema de clases mixtas (The New Zealand Herald; IV/2005).

LA CIENCIA COMPRUEBA LAS DIFERENCIAS

El modelo coeducativo sirvió, es cierto, para situar a niñas y niños en el mismo nivel en cuanto a exigencia escolar, pero también se produjo un aumento significativo de la violencia en los colegios y un profundo desentendimiento entre los sexos (constantes faltas de respeto y conflictos), además de un evidente aumento del fracaso escolar.

Estudios, estadísticas, informes y la propia experiencia docente llevan a una tajante respuesta a favor de la educación diferenciada. En muchos casos son sectores de izquierda, que en su día lucharon por la imposición, en ocasiones radical, del sistema mixto, los que reconocen hoy la necesidad de tener en cuenta las diferencias como una medida, entre otras, para salir de la profunda crisis educativa.

La neurociencia ha demostrado que esas diferencias tienen explicación científica. Descubrimientos del cerebro y sus diferencias estructurales y funcionales permiten que, lo que hasta hace poco era una aberración para la biología, sea hoy una realidad empírica y objetiva: los cerebros masculino y femenino son diferentes. Ahora podemos afirmar que estamos ante diferencias innatas, no sólo resultado de los roles atribuidos o de condicionamientos histórico-culturales, sino que pertenecen a lo más íntimo y profundo de nuestra estructura cerebral.

En 1997, el doctor Milton Diamond, experto en el efecto prenatal de la testosterona sobre la organización cerebral, demostró lo diferentes que son los cerebros masculino y femenino incluso antes del nacimiento. Esto influye en el modo en que el neonato percibe visualmente movimiento, color y forma.4

Stevens Rhoads, en su libro Taking sex differences seriously (2004), expone sus conclusiones sobre las diferencias sustanciales entre hombres y mujeres desde el sexto mes de gestación. Demuestra, por ejemplo, que la agresividad es más propia del sexo masculino, y que los hombres tienden más a competir, mientras que las mujeres prefieren cooperar.

Hoy se sabe que, aunque el cerebro femenino pesa 15% menos que el de los hombres, tiene regiones pobladas por más neuronas, como la zona del lenguaje. Según una investigación de la Universidad de Yale, las mujeres utilizan las neuronas de ambos hemisferios cuando leen, hablan o recitan un poema, mientras que los hombres sólo las del hemisferio izquierdo.

La neurocientífica Sandra Witelson (famosa por su investigación sobre el cerebro de Einstein en 1990) afirma con rotundidad que el cerebro es un órgano sexual, con diferente estructura según se trate de varones o féminas desde el momento de la concepción hasta la muerte.

Para complicar más el asunto, nuevos estudios de imágenes cerebrales de la Universidad de California sugieren que hombres y mujeres con el mismo coeficiente intelectual utilizan diferentes proporciones de materia gris y blanca cuando resuelven tests de inteligencia.

En definitiva, no aprendemos a ser hombres o mujeres sino que nacemos hombres o mujeres. El estudio en bebés recién nacidos es fuente esencial para buscar diferencias biológicas. El doctor Hoffman, de la Universidad de Nueva York, tras años de experimentación, ha demostrado que los bebés de 24 horas de vida reaccionan de manera distinta al llanto de otros bebés según su sexo. Las niñas se inquietan en mayor medida, muestran un alto grado de empatía hacia los que sufren a su alrededor, mientras que muchos niños no llegan siquiera a despertar con el llanto ajeno.

Varones y mujeres somos pues diferentes incluso antes de nacer. Esta demostración científica y empírica echa por tierra la teoría que afirma que las distintas formas de pensar, actuar, reaccionar... no corresponden a la naturaleza sino son producto de la cultura de un país y una época determinados, que asigna a cada sexo características, estereotipos o roles.5

Comprobar que las diferencias son innatas tiene enorme importancia para frenar la tendencia que afirma que el sexo es producto de la libertad y cultura de cada ser y que hace que hombres y mujeres, heterosexuales, homosexuales, bisexuales... sean simplemente modos de comportamiento sexual, producto de la libre elección de cada persona. Según éstos la identidad sexual puede «desconstruirse» y la masculinidad y feminidad no son más que «roles de géneros construidos socialmente». Esta visión ha emergido con fuerza en los encuentros patrocinados por la ONU en el Cairo (sobre población y desarrollo) y en Pekín (Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres), infligiendo a las mujeres un nuevo golpe en su identidad en cuanto tales. Aunque afirmen que la finalidad es proteger su dignidad como personas, mantienen que la socialización puede imponerse a la identidad biológica.

¿QUÉ OCURRIÓ CON LA EDUCACIÓN MIXTA?

Cuando se impuso la educación mixta resultó un interesante instrumento a favor de la igualdad de oportunidades y permitió grandes avances en el terreno. Sobre todo para que niños y niñas fueran educados con idénticos contenidos y formas. Los problemas que manifiesta son recientes y se deben, en gran medida, a un factor puramente externo: el cambio de nuestra sociedad.

Hace décadas, la sociedad en general se atenía a una escala de valores respetados con naturalidad: la familia, la autoridad (no el autoritarismo) de padres y profesores, el esfuerzo personal, el reconocimiento de que para ser feliz hace falta muchas veces sufrir (por ejemplo, estudiando), el bienestar que da el deber cumplido. En esas condiciones los colegios mixtos no manifestaron más problemas que los normales de la convivencia entre sexos.

Sin embargo, en la actualidad, la sociedad se caracteriza en términos generales por la ausencia de valores, el desprestigio del esfuerzo personal, la crisis de la familia, la falta de responsabilidad, la falta de autoridad de padres y profesores sustituida por la tolerancia ilimitada. Además de la erotización del ambiente y el «todo vale» que --en palabras del pedagogo José Luis González-Simancas-- hace que nada valga y que todo sea indiferente. Estas circunstancias convierten la educación mixta en un polvorín a punto de estallar con problemas que adquieren mayor intensidad en zonas de renta baja o en colegios donde abundan minorías raciales o culturales.

FORMAS DIFERENTES DE MADURAR Y APRENDER

Las diferencias entre chicos y chicas pertenecen al orden natural y biológico pero inciden directamente en su desarrollo personal, emocional e intelectual. Está demostrado que su proceso de maduración es diferente. Las diferencias cerebrales que se dan desde el seno materno determinan que ellas maduren antes biológica y psicológicamente.

El psiquiatra Jay Giedd, experto en el crecimiento del cerebro de los niños, miembro del U.S. National Institute of Health en Washington, ha demostrado que las partes del cerebro encargadas de las destrezas verbales, como escritura y lectura, maduran varios años antes en las niñas. La región de Wernicke, la parte del cerebro que coordina la función lingüística, es 30% más pequeña en los hombres que en las mujeres.

En la misma línea, los neurocientíficos Reuwen y Anat Achiron han demostrado que con un simple escáner del cerebro, se puede distinguir claramente el cerebro femenino del masculino: el de una niña recién nacida está más maduro que el de un varón y el de una niña de cuatro años equivale en madurez al de un varón de seis. Con total independencia de raza o cultura, esta diferencia permanece hasta cerca de los 30 años, edad en que alcanzan idéntico nivel de madurez.

La diferente velocidad en que maduran niños y niñas provoca diferencias palpables en su rendimiento académico. Se ha demostrado que el desarrollo cognitivo del varón es más lento en ciertos tramos de edad. Desde los siete y hasta los 16 años las niñas rinden intelectualmente más. Son mejores en destrezas verbales, en cuanto empiezan a hablar articulan mejor las palabras y crean frases más largas y complejas. Desde el primer momento llevan ventaja en lectura y escritura generando cierto agravio comparativo con los varones.

La curva del ritmo de desarrollo de los varones discurre más lenta, pero los sistemas escolares no lo consideran, ello provoca que muchos chicos se retrasen respecto a las chicas, sufran frustración y desánimo. La educación diferenciada pretende afrontar la desigualdad de madurez que se constata, especialmente en la adolescencia.

Pero niños y niñas son diferentes no sólo en sus ritmos de maduración. También en intereses, juegos, aficiones, inquietudes, formas de socialización, de exteriorizar los sentimientos, de reaccionar ante idénticos estímulos? Esto provoca diferencias también en sus formas de aprender. Diversos estudios y la experiencia docente muestran que lo que es correcto y bueno para las niñas, puede ser sumamente perjudicial para los varones y viceversa.

Los niños necesitan la competencia. Que haya un perdedor y un ganador. Por eso, dividir las aulas en equipos que compiten por la mejor calificación es un modelo óptimo para los chicos, que se esfuerzan por conseguir que triunfe su equipo y aplastar al contrincante. Sistema que no sirve en absoluto para las niñas que, por el contrario, trabajan mejor ayudándose unas a otras porque son más empáticas y solidarias.

Para estar atentos los niños demandan cierta tensión con el profesor, que los rete de algún modo. Pero las niñas necesitan sentirse queridas por la profesora. En el varón predomina la búsqueda de independencia y el aprendizaje de poder o dominio. De ahí la mayor conflictividad latente con el profesor.

Demostraciones científicas avalan que el uso de cierta tensión y confrontación con los chicos les ayuda a mantener la atención en clase y a rendir mejor. Mientras que las chicas precisan la técnica contraria, conocida como «inducción» que consiste en usar métodos positivos que eleven su autoestima.6 Los varones se interesan más por las cuestiones objetivas (datos o fechas concretas) y las niñas por las subjetivas (acontecimientos). Para los niños funcionan mejor las clases bien estructuradas en las que se «sientan vigilados». Sin embargo, las niñas mejoran en ambientes más relajados.

Hay muchas otras diferencias. A igual edad, los chicos son más impulsivos e inquietos, menos ordenados, se concentran menos, encuentran mayor dificultad para expresar sus sentimientos, muchos tienen problemas de disciplina, sobresalen en agresividad, nivel de aspiraciones, inadaptación escolar. Sin embargo, superan a las chicas en fuerza física y velocidad, perciben mejor el espacio y lugar que ocupan los objetos, tienen más desarrollado el razonamiento abstracto (es decir, la capacidad de llevar algo real a algo simbólico representado por signos).7 También las superan en valores políticos, técnicos y económicos

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