El refinado genio de Chesterton afirma que lo curioso en la psicología inglesa es que provoque este apetito puramente artístico y luego se convenza de que es práctico. Testimonio de ello son las páginas de El anticuario. No sólo se trata de una invitación a contemplar la vida anglosajona de principios del siglo XIX, sino de convivir con un viejo que, aunque huraño y misógino, tiene muchas enseñanzas y anécdotas reservadas para los bibliófilos pacientes. Durante el tiempo que transcurre en el relato de Walter Scott, surge irresistiblemente, a la par de una plaga de imágenes de la cotidianeidad sajona, el fantasma de Manuel Payno y sus novelas de costumbres. Con ambos uno debe estar dispuesto a transcribir sentencias y frases sugerentes –mezcladas entre «latinajos» y poemas fragmentados. El anticuario se suma a la narrativa europea que devino realismo y naturalismo, tanto en Europa como en América. Scott hace su trabajo en la historia de la literatura con acierto.
Victor Isolino Doval González