En medio del diluvio de textos en torno al fatídico 11 de septiembre, aparece este interesante ensayo sobre la responsabilidad de los gobernantes y ciudadanos de cualquier país actual.
Glucksmann, miembro prominente de los llamados «nuevos filósofos» de los setenta, evoca con el título el tema de Los endemoniados de Dostoievski: el nihilismo como forma de política y de vida, trasfondo de todo terrorismo, incluso el de los estados más poderosos.
Para el nihilista, el crimen, la destrucción, la corrupción de la sociedad o cualquier otra expresión carente de ética, son afirmación orgullosa de la voluntad de poder. Pero «la estrategia del nihilista, que vuelve con facilidad y brío las armas de la modernidad contra la civilización que las produce, parece una fatalidad de dicha modernidad».
En el fondo, se trata de la búsqueda de la felicidad propia a costa de la ajena, ya sea en el caso de una persona, un grupo o un país. Glucksmann reflexiona tanto sobre la rivalidad Estados Unidos-terroristas musulmanes, como la ruso-chechena. Después de haber visitado Chechenia, narra las atrocidades rusas que Occidente parece negar voluntariamente, una ceguera hoy sospechosa ante la invasión de Irak.
Frank Irvyn